Mantenimiento WordPress: qué se hace, qué pasa si no se hace

El mantenimiento es la parte más fácil de vender mal y la más fácil de no hacer. Es invisible cuando funciona y evidente cuando no, y esa asimetría hace que muchos negocios lo vean como una cuota que no sabe explicar qué compra.
Así que vamos a explicarlo: qué se hace, qué ocurre si nadie lo hace, y cómo saber si lo que pagas sirve para algo.
Una web no se queda quieta
Es la parte que menos se entiende. Una web terminada parece un folleto: la imprimes y ahí se queda. Pero WordPress no es un folleto, es software funcionando sobre más software. Y todo eso se mueve por debajo aunque tú no toques nada.
El núcleo de WordPress publica versiones nuevas. Los plugins también, cada uno por su cuenta. El servidor actualiza su versión de PHP. Los navegadores cambian. Y cada una de esas piezas puede llevarse por delante a otra.
Lo importante: una web sin tocar no se queda igual, se va quedando atrás. Y la diferencia entre «desactualizada» y «rota» es normalmente un día concreto en el que algo dejó de encajar.
Qué se hace realmente
Actualizar, pero mirando
Actualizar no es darle a un botón. Es mirar qué cambia, actualizar, y comprobar después que la web sigue funcionando: que el formulario envía, que la tienda cobra, que el menú se abre en móvil. Un plugin actualizado que rompe el checkout y nadie lo ve hasta la semana siguiente ha costado más que el mantenimiento de un año.
Copias de seguridad que se puedan restaurar
Casi todo el mundo tiene copias. Muy poca gente ha probado a restaurarlas. Una copia que vive en el mismo servidor que la web no es una copia de seguridad: es el mismo punto de fallo con otro nombre. Si el servidor se cae, se cae con todo dentro.
Una copia sirve si está fuera del servidor, si es reciente y si alguien ha comprobado alguna vez que vuelve.
Seguridad, que casi nunca es lo que la gente imagina
Nadie va a hackear tu web de Corralejo porque le interese tu negocio. Lo que hay son robots recorriendo internet buscando versiones vulnerables conocidas. No te eligen a ti: te encuentran. Por eso la defensa que más rinde es tan aburrida: estar al día, tener contraseñas decentes y limitar los intentos de acceso.
Vigilar que siga en pie
Una web caída un domingo por la tarde, si nadie la vigila, sigue caída el lunes por la mañana. La monitorización no evita la caída, pero convierte «llevamos dos días fuera» en «estuvimos veinte minutos fuera».
Qué pasa si no se hace
No pasa nada durante meses. Ese es el problema: el coste de no hacerlo se acumula en silencio y se cobra de golpe.
| Lo que se abandona | Cómo acaba apareciendo |
|---|---|
| Plugins sin actualizar | Un agujero conocido que un robot encuentra: spam inyectado en tus páginas o redirecciones a sitios ajenos |
| PHP viejo en el servidor | La web deja de cargar el día que el alojamiento retira esa versión |
| Sin copias fuera del servidor | Un problema del alojamiento se lleva la web y no hay a dónde volver |
| Sin comprobar formularios | Semanas recibiendo cero contactos sin saber que el formulario está roto |
| Sin vigilancia | Días caído sin enterarte, justo en temporada |
| Certificado caducado | El navegador enseña un aviso rojo de sitio no seguro a todo el que entra |
Ese cuarto caso no es hipotético y lo he visto de cerca: un formulario que falla no avisa. El visitante rellena, envía, algo peta por detrás y se va pensando que ya te ha escrito. Tú no recibes nada y no tienes forma de saber que ha pasado, porque el que se fue no vuelve a decírtelo. Para eso sirve tener medida la web, no solo mantenida.
Cómo saber si tu mantenimiento sirve
Hay cuotas de mantenimiento que son un cargo mensual y poco más. Distinguirlas es fácil si preguntas estas cuatro cosas:
- ¿Me enseñas un informe? Aunque sea corto. Qué se actualizó, qué se comprobó, si hubo incidencias. Si no hay nada que enseñar, probablemente no hubo nada que hacer.
- ¿Dónde están las copias y cuándo se restauró una? La segunda mitad de la pregunta es la que importa.
- ¿Qué pasa si la web se cae un sábado? Que te digan el plazo real, no «estamos siempre disponibles».
- ¿La web es mía? Accesos, dominio y alojamiento a tu nombre. Si dejar el mantenimiento significa perder la web, eso no es un servicio: es una correa.
Qué no es mantenimiento
Conviene decirlo para que nadie se sienta engañado en ninguna de las dos direcciones. El mantenimiento cubre que la web siga funcionando, segura y al día. No cubre rediseñarla, escribir contenido nuevo, añadir secciones ni montar una tienda encima. Eso son proyectos, y tienen su propio presupuesto.
Mezclarlo lleva a discusiones incómodas: el cliente cree que su cuota incluye cambios ilimitados y el proveedor va recortando lo que hace para compensar. Es mejor decirlo desde el principio y que cada cosa tenga su precio.
¿Y si mi web es pequeña?
Una web de una página con un formulario necesita menos que una tienda con pedidos, evidentemente. Pero «menos» no es «nada»: el certificado caduca igual, el formulario se puede romper igual y los robots pasan igual. La diferencia está en la frecuencia y en el alcance, no en si hace falta o no.
Y si decides no contratarlo, que sea una decisión consciente y no un olvido. Ten al menos copias fuera del servidor y una forma de enterarte si la web se cae. Con eso solo, evitas los dos desastres más caros.
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